The historia de la inmigración en España es también la trayectoria de cómo se ha ido tejiendo, poco a poco, una Europa más diversa y conectada. Cada ola migratoria (la de quienes llegaron y salieron de España) ha dejado huellas en la lengua, la comida, la música, el barrio y, sobre todo, en la forma en que nos relacionamos y nos sostenemos a distancia.
At Curiara vemos esa historia desde un lugar muy concreto, el de quienes hoy viven en Europa y siguen cuidando de los suyos en Venezuela y en otros países de Latinoamérica, convirtiendo cada envío en un gesto cotidiano de presencia.
Por eso, mirar atrás y entender cómo ha cambiado España gracias a la inmigración nos ayuda a darle contexto a lo que tú estás construyendo hoy: una vida entre orillas que suma diversidad cultural al país donde vives.
Primeros movimientos: España también fue un país que emigraba

Aunque hoy se habla mucho de quienes llegan, durante buena parte de la historia contemporánea, España fue sobre todo un país que emigraba. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, cientos de miles de personas salieron hacia América Latina (especialmente Argentina, Cuba y Venezuela) buscando trabajo y oportunidades.
Esa diáspora dejó vínculos profundos entre España y América que siguen vivos incluso a día de hoy. Hablamos de familias repartidas entre continentes, apellidos compartidos y costumbres que cruzaron el Atlántico en ambas direcciones. Entenderlo ayuda a recordar que la migración no es algo nuevo ni ajeno a la identidad española.
El giro: cuando España empezó a recibir inmigrantes
El cambio fuerte llegó a finales del siglo XX. A partir de los años noventa y, sobre todo, en la primera década de los 2000, España pasó de ser un país donde su población emigraba a convertirse en uno de los principales destinos de inmigración en Europa.
El crecimiento económico, la incorporación a la Unión Europea y la demanda de mano de obra en sectores como la construcción, el cuidado y la hostelería impulsaron la llegada de personas de muy distintos países.
Según los datos recopilados, la población inmigrante pasó de menos de un millón de personas a principios de siglo a más de 6,9 millones en 2025. Esto supone alrededor de una de cada siete personas viviendo en el país, un cambio demográfico de enorme calado en muy poco tiempo.
¿De dónde vienen las personas que sostienen la diversidad?

Hoy la inmigración en España es diversa, pero con patrones claros. La nacionalidad más numerosa sigue siendo la marroquí, con casi 969.000 personas en 2025. Le siguen comunidades como la colombiana, la rumana, la venezolana, la italiana, la británica, la china, la peruana, la ucraniana o la hondureña, entre muchas otras.
La tabla más reciente indica, por ejemplo, que la comunidad venezolana pasó de poco más de 58.000 personas en 2012 a más de 377.000 en 2025. Es decir, se ha multiplicado por más de seis en poco más de una década, reflejando la intensidad del movimiento de la sociedad venezolana hacia España y, en general, hacia Europa.
Inmigración y diversidad cultural: cómo cambia el paisaje del país
La llegada de personas de tantos lugares distintos ha tenido repercusiones directas en la vida cotidiana. En las grandes ciudades, pero también en pueblos y zonas rurales, la inmigración ha transformado la oferta de comercios, la gastronomía, las fiestas locales, las lenguas que se escuchan en la calle y hasta los horarios de los barrios.
En el ámbito cultural, se han multiplicado los festivales de música latina, las ferias gastronómicas, los colectivos de artistas migrantes o los ciclos de cine dedicados a otros países. Muchos centros culturales municipales incluyen ya actividades pensadas desde la diversidad, y los colegios conviven con aulas donde se hablan varias lenguas en el recreo.
A informe reciente sobre juventud en España señala que el 28% de las personas jóvenes es de origen migrante y que más de la mitad de la juventud considera que la inmigración enriquece la cultura y la sociedad. Eso significa que la diversidad ya no es una novedad, sino que forma parte de la normalidad de toda una generación.
España y Europa: una historia compartida de movilidad

The historia de la inmigración en España no puede separarse de la historia migratoria de Europa. Durante décadas, España exportó mano de obra hacia países como Alemania, Francia, Suiza o Bélgica, mientras recibía, a su vez, población de Latinoamérica y del norte de África.
Hoy el mapa es todavía más mixto porque existen españoles que viven en otros países de la UE, europeos que se instalan en España por trabajo o por calidad de vida, y personas de fuera de la UE que ven en Europa un lugar donde reconstruir su futuro. Esa circulación constante de personas, acentos y costumbres es la que sostiene una Europa más plural, en la que muchas identidades (incluida la española) se entienden ya como realidades abiertas, en movimiento.
Si quieres ver cómo se vive esta experiencia desde dentro, te puede ayudar el artículo de Curiara sobre ser migrante en España y construir estabilidad, donde se recoge toda la información sobre recursos y redes que acompañan a quienes llegan.
La mirada Curiara: migrar como acto de cuidado

Desde la perspectiva de una marca como Curiara, la historia de la inmigración en España se cruza con miles de historias individuales de cuidado. Cada persona que se instala en España o en otro país de Europa y envía dinero a su familia está haciendo algo más que una transferencia; está transformando lo económico en emocional, lo cotidiano en heroico.
Migrar no es estar ausente, es un acto de amor activo. No es un desplazamiento sin más, sino un vínculo que se extiende. Por eso hablamos de quienes sostienen desde lejos, de quienes convierten el envío de dinero en una forma de seguir presente, aunque no puedan estar físicamente.
En ese sentido, la diversidad cultural de España no solo se sostiene con leyes o políticas públicas, sino con los gestos diarios de millones de personas que trabajan, cuidan, envían, llaman, organizan, celebran y construyen comunidad.
Yes hoy vives en España o en otro país de Europa y sostienes a tu familia desde lejos, formas parte de esta historia. No solo estás adaptándote a un nuevo país, también estás aportando con tu idioma, tu humor, tus recetas, tu música y tu forma de entender el cuidado al tejido cultural del lugar.
En Curiara queremos acompañarte en cada gesto, ofreciéndote una plataforma segura, clara y humana para enviar dinero desde Europa a Venezuela, con una narrativa que te reconoce como el protagonista de la historia, no como una excepción. Si quieres saber más sobre cómo aprovechar mejor tu esfuerzo, puedes leer nuestro artículo sobre beneficios de usar Curiara frente a otras alternativas.