Las pupusas son mucho más que un plato típico de la cocina latina; para miles de familias migrantes, son ese sabor que sostiene nuestras raíces incluso cuando la vida nos lleva lejos, sea por el motivo que sea.
Desde una cocina latinoamericana hasta una mesa compartida en Houston o Nueva York, cada pupusa que comemos nos recuerda quiénes somos, de dónde venimos y, por supuesto, a quién seguimos cuidando desde lejos con cada remesa que enviamos.
En Curiara, hablamos de pupusas para hablar también de comunidad, de amor por nuestra tierra y de todo lo que echamos de menos cuando alguien migra a otro país.
¿Qué son las pupusas?

Las pupusas son tortillas gruesas de maíz o de arroz, rellenas de ingredientes como queso, frijoles refritos, chicharrón, ayote o flor de loroco, que se cocinan en una plancha caliente hasta quedar doraditas por fuera y suaves por dentro.
Se acompañan casi siempre con salsa de tomate y encurtidos, una especie de ensalada de repollo, zanahoria y otras verduras que se dejan marinar con vinagre y especias.
Aunque hoy se encuentran en muchos lugares del mundo, las pupusas son un plato que proviene de El Salvador, por lo que es un símbolo de identidad allí y en otros países de Latinoamérica.
En 2005 fueron declaradas oficialmente como patrimonio cultural de ese país, y cada segundo domingo de noviembre se celebra el Día Nacional de la Pupusa, una fecha que muchas comunidades migrantes también conmemoran en sus barrios y ciudades de acogida.
La diferencia con las arepas

La principal diferencia es que las arepas son discos de masa de maíz que se abren para rellenar después, mientras que las pupusas son discos que ya se preparan con el relleno sellado dentro, por lo que tienen una textura más suave y se sirven con curtido y salsa roja.
La masa de la arepa suele ser de harina precocida, más conocida como maseca, mientras que la pupusa puede usar harina de maíz o de arroz, aunque la principal diferencia es que el proceso de relleno y cocción es distinto, puesto que el sabor queda sellado desde el inicio.
Un bocado con historia y raíces profundas

El origen de las pupusas se remonta a tiempos precolombinos, donde las investigaciones arqueológicas y algunas fuentes históricas indican que ya eran elaboradas por los pueblos indígenas en la región que hoy es El Salvador, mucho antes de la colonización española.
Esto se debe a que los ingredientes son bastante básicos, es decir, el maíz o las hierbas locales como el loroco y los frijoles son cosas bastante fáciles de encontrar y algo que habla de una cocina que nació de la tierra y de la creatividad para aprovechar lo que había disponible en ese momento.
Con el paso de los siglos, la pupusa se fue transformando; se le incorporaron rellenos nuevos como el chicharrón y los quesos, pero continúa manteniendo su esencia comunitaria.
Es una comida que se comparte, que se prepara en grupo y que se suele comer en celebraciones, reuniones familiares o como recompensa después de un largo día de trabajo.
El sabor de casa en otros países
Cuando una persona migra, no solo viaja con la carta de residencia, los documentos y sus maletas; también se lleva consigo sus recuerdos, las recetas y los sabores de su país.
En el caso de las pupusas, han viajado con su gente y hoy se pueden encontrar en ciudades como Los Ángeles, Nueva York, Washington D. C., Toronto, Madrid o Milán, donde hay comunidades latinas que mantienen el legado y las preparan para todo el mundo.
Es común que, en muchos barrios, la primera pista de que hay latinoamericanos cerca sean los rótulos de “pupusería” en los locales, compartidos con otros negocios latinos que se encuentran cerca.
Esos espacios no solo venden comida, funcionan como puntos de encuentro, se convierten en pequeños refugios para migrantes donde se habla en confianza con otros compatriotas, se intercambian noticias del país y se cuentan historias sobre las familias que siguen al otro lado.
¿Cómo se preparan?: una receta que viaja

- La base de las pupusas es una masa suave de harina de maíz o de arroz, mezclada con agua tibia y sal hasta que queda manejable y elástica. De esa masa se forman bolitas del tamaño de una pelota pequeña, que luego se aplastan ligeramente para rellenarlas con queso, frijoles refritos, chicharrón molido u otras combinaciones.
- Una vez que la masa abraza el relleno por completo, se vuelve a aplanar con cuidado, hasta lograr un disco grueso, y se coloca sobre un comal o plancha bien caliente.
- Las pupusas se cocinan por ambos lados, girándolas varias veces para que se doren de manera uniforme y el interior quede fundido.
- Se sirven calientes, acompañadas de salsa de tomate y curtido, que se prepara con repollo, zanahoria, cebolla, vinagre, agua y especias como orégano y comino, dejándolo reposar para que tome sabor.
Receta básica
Si estás fuera de tu país y quieres sentir el sabor de casa, preparar pupusas puede ser un buen punto de partida. Te contamos paso a paso cómo puedes replicar en casa esta exquisita receta:
- Necesitarás harina de maíz o harina de arroz, agua tibia y sal.
- Mezcla hasta obtener una masa suave que no se pegue a las manos.
- Déjala reposar unos minutos, forma pequeñas bolas, ábrelas con cuidado en el centro, rellena con queso, frijoles refritos o chicharrón, y vuelve a cerrarlas, dándoles forma de disco.
- Calienta una plancha o sartén sin aceite a fuego medio y cocina cada pupusa varios minutos por lado, hasta que se vea dorada y sientas que el relleno está caliente por dentro.
- Acompáñalas con encurtidos (repollo, zanahoria y cebolla marinados en vinagre y especias) y una salsa sencilla de tomate.
- No hace falta que queden perfectas a la primera: lo importante es el gesto, el tiempo compartido y la nostalgia que reaparece con cada bocado.
Rellenos típicos y variaciones modernas

Entre las pupusas más tradicionales están las de queso, frijoles con queso, chicharrón y las famosas “revueltas”, que combinan varios ingredientes en un mismo bocado.
También son muy apreciadas las de ayote (calabaza), jalapeño con queso y las de flor de loroco, una planta aromática muy presente en la cocina centroamericana.
Con el tiempo, han surgido variaciones modernas, desde opciones vegetarianas y veganas hasta pupusas rellenas con ingredientes menos tradicionales, como espinaca, champiñones o incluso versiones con queso sin lácteos.
Esta evolución muestra cómo la pupusa se adapta a las nuevas realidades sin perder su sentido de pertenencia, ya que sigue siendo un plato que sabe a hogar, aunque cambien los ingredientes o el lugar donde se prepara.
Remesas y pupusas, el acto de sostener desde lejos

Para muchas familias, el ingreso que llega desde el exterior por parte de un familiar que ha migrado es lo que permite que la mesa siga llena de pupusas los domingos.
En ese contexto, podemos decir que las transferencias que haces con Curiara no son solo un mero movimiento bancario: es una forma de decir “sigo aquí”, aunque ya no se pueda compartir físicamente la mesa.
Curiara nace precisamente en ese punto de encuentro, facilitando que quienes migran puedan enviar dinero de forma segura, rápida y clara, para que al otro lado sigan existiendo momentos sencillos que lo significan todo, como reunirse alrededor de unas pupusas recién hechas.
Hoy, muchas de las decisiones importantes de una familia migrante se toman mirando la pantalla del móvil: cuándo enviar dinero, cuánto, a quién, qué gastos priorizar.
Por eso, en Curiara cuidamos que cada detalle de la experiencia digital también sea humano, ya que nuestro objetivo es que el camino entre quien manda y quien recibe sea lo seguro y más corto posible, para que la distancia se sienta un poco más pequeña al momento de compartir la comida, las noticias y los planes de futuro.