Konrad Stegemann: «Sonreír cuando todo dolía»

Konrad valentía en silencio

«Cuando dejé Caracas, tenía apenas una maleta, un par de sueños y una certeza que me perseguía como una sombra: si quería tener futuro, tenía que irme. No fue una decisión bonita, ni heroica, ni romántica. Fue una decisión de supervivencia. Sabía que en mi país, por más talento, estudios o ganas que tuviera, existía un límite invisible capaz de quitarte todo de un día para otro.

Salir fue mi primer acto de valentía.
Pero no fue el más difícil.

Mi camino empezó en Italia, luego Francia, después Alemania y Suiza. Ciudades donde me sentía pequeño, como si caminara entre gigantes. Cada país era volver a empezar: aprender la lengua, entender la cultura, demostrar mi valor, convencer al mundo de que yo también merecía un lugar. A veces me rechazaban, a veces se burlaban de mi acento, a veces me señalaban por ser latino.

Pero yo seguía.
Con calma, con disciplina, con dignidad.

La resiliencia se convirtió en mi herramienta diaria. La llevaba puesta como otros llevan un abrigo. Aprendí cinco idiomas, trabajé con el rigor de un ingeniero y con el corazón de alguien que sabe lo que significa tener a su familia lejos. Y aunque mi vida profesional era un constante empezar de nuevo, lo más duro nunca estuvo afuera.

Lo más duro era el teléfono.

Mi papá, con 82 años y el peso silencioso del cáncer.
Mi mamá, con 64, siempre fuerte, siempre dulce, pero cansada.
Ninguno de los dos trabaja. Ambos dependen únicamente de mí.

Cada mes envío dinero. No lo llamo “remesa”. Para mí es simplemente darles lo mínimo que puedo, cuando lo que deseo es darles todo.

Y aquí viene mi acto más valiente, ese que casi nadie ve:
tener que sonreír cuando por dentro todo dolía.

Sonreía para que creyeran que todo iba bien. Para que no sintieran culpa. Para que no se angustiaran. Para que no intentaran ayudarme cuando no podían. Sonreía, aunque yo también tenía miedo, aunque a veces estaba solo, aunque algunas noches lloraba en silencio.

Pero la migración también me enseñó algo hermoso. Me enseñó que la lucha no es solo dolor: también es fuerza. Que uno puede reconstruirse tantas veces como sea necesario. Que, si caminas con resiliencia, un día miras atrás y entiendes que sí, que lo lograste. A pulso, sin pedir nada gratis, sin pisar a nadie, sin traicionar lo que eres.

Hoy vivo lejos, sí. Pero sigo siendo el sustento de mi familia, su apoyo, su tranquilidad. Cada mañana, lo que me impulsa no es el trabajo ni la rutina, ni el frío de los países donde he vivido. Lo que me impulsa es la idea de llamar a mis padres y escuchar su risa. Saber que están bien porque yo sigo luchando. Saber que todos estos pasos tienen sentido.

Por eso quiero volver.
No para descansar.
No para huir.
Sino para abrazarlos por fin, para estar a su lado, para devolverles con mi presencia todo lo que ellos me dieron con su amor.

Mi historia es la de un migrante que cayó, se levantó, volvió a caer; que aprendió idiomas, que sufrió racismo, que pasó frío, que trabajó más que muchos y que nunca tomó el camino fácil. Es la historia de alguien que aprendió a ser valiente en silencio.

Y que hoy, con el corazón en la mano, solo quiere volver a casa para sonreír… y compartir una verdadera sonrisa con sus padres."

Konrad Stegemann.

Konrad testimonio sorteo
Konrad testimonio Curiara

Historias como esta nos recuerdan por qué en Curiara entendemos la migración como un acto profundo de valentía cotidiana. Detrás de cada envío mensual, de cada llamada que termina en una sonrisa forzada, hay personas que sostienen a sus familias mientras aprenden a sostenerse a sí mismas en países nuevos, lenguas ajenas y climas duros.

Enviar dinero, en estos casos, no es una transacción: es una forma de estar presente cuando el cuerpo no puede estarlo, de proteger a quienes amamos incluso cuando todo duele. En Curiara acompañamos estas trayectorias silenciosas, hechas de resiliencia, dignidad y amor constante, porque sabemos que cada gesto de apoyo lleva detrás una historia como esta: la de alguien que aprendió a ser valiente sin hacer ruido, y que nunca dejó de cuidar, incluso desde lejos.